ANA LÓDOLO DE COIZ, luego DE BIGOT.

ANA LÓDOLO DE COIZ, luego DE BIGOT.
ANA LODOLO DE COIZ, un símbolo de la imigración friulana, llegada a la Colonia 3 de Febrero en 1879

lunes, 13 de abril de 2020

BENEDICTO GARAVASO. UN PERSONAJE SINGULAR



No por ser el primer cura que se estableció en la Colonia “3 de Febrero” para fundar lo que se llamó por su nombre: Pueblo San Benito, merece unos párrafos especiales este italiano ignoto, cuyo paso fue fugaz por el Obispado de Paraná (1887 - 1891), cumpliendo funciones en el Hospital de la Caridad y en la Vice Capellanía de San Benito Abad. Sus datos de filiación son muy escasos y algunos de ellos son contradictorios. En efecto, del cura Benito Garavaso hay desde comentarios que lo elevan hasta hechos que lo vinculan a irregulares operaciones con inmuebles y con el Banco Provincial, de quién había obtenido una Hipoteca.

Ya se ha narrado su gran actividad pastoral y educativa, su dirección en la construcción de la capilla, su relación con las autoridades provinciales a quiénes les propuso en su momento traer alrededor de 7.000 nuevos inmigrantes, el subsidio obtenido en 1889, etc. Sin embargo hay otras aristas que merecen desatacarlo, ya que su inserción en la comunidad fue muy fuerte, pero sin dejar mayores detalles se alejó sin dejar rastros luego de casi cuatro años de actividad pastoral.

Sin embargo, rastreando entre viejos periódicos de la época, en el periódico “El Látigo” de Paraná, el 3 de junio de 1893 aparece este grato comentario:
“EL PADRE BENEDICTO. Víctor Hugo ha presentado en su novela “Los Miserables” un tipo magnífico: el del obispo Bienvenido Myriel, sacerdote sin tacha, pastor sublime, corazón inmaculado... Después de retratarle, dice que no responde que el retrato sea verosímil, y que se limita a manifestar que es enteramente parecido.
Con estas palabras hace sospechar el gran poeta que su pintura no tiene original, que es hija de la fantasía, y que los hombres como el obispo Myriel son tipos ideales tan inverosímiles como asombrosos.
Sin embargo, el tipo presentado por Víctor Hugo existe. Hubiérase sorprendido el autor de “Los Miserables” al hallar encarnados en la figura real de un sacerdote italiano todas las virtudes que acumuló su rica imaginación en un personaje de novela.
El sacerdote a que  me refiero y a quién solo llamaré el padre Benedicto, porque no estoy autorizado para revelar todo su nombre, era humilde párroco de una villa de Italia y pertenecía a una noble y poderosa familia.
Desdeñando los halagos de la fortuna y sintiendo la más completa indiferencia por las debilidades humanas que se llaman lujo, riqueza y vanidad, dedicó su hermoso talento a la contemplación de las maravillas de la naturaleza, su pensamiento a Dios, su inteligencia a la religión del crucificado y sus bienes y su voluntad a los menesterosos.
El obispo Bienvenido Myriel tenía una larga lista de gastos; destinaba mensualmente varias cantidades para las misiones, para mejorar las cárceles, para las sociedades caritativas, para el alivio y rescate de los prisioneros, para los enfermos del hospital y para otras obras no menos benéficas. La lista de gastos del Padre Benedicto era mucho más corta: reducíase a este solo renglón: “Todo para los Pobres”.
Los recursos particulares que disponía, por cuantiosos que fueran, no bastaban para satisfacer sus “obligaciones”, porque para él obligación era socorrer al necesitado, consolar al triste y auxiliar al indigente con las palabras y las obras. Jamás hablaba a los ricos sin procurar que el diesen algo para los pobres, jamás hablaba a los pobres sin dejarles un recuerdo efectivo de su inagotable bondad.
Según él, los consejos para el alma eran poca cosa cuando no les acompañaba el pan para el cuerpo. Así lo practicaba: exhortaba con la voz y socorría con las manos.
Valiéndose de la persuasión y del ejemplo, entraba en todas partes, lo mismo en la morada del poderosa que en la choza del proletario. A unos y otros dejaba consuelos. Y de unos y otros obtenía las bendiciones más fervientes... Cuántos le conocían saludábanle con respeto y amor y le franqueaban las puertas de sus hogares como se abren las flores a los rayos del sol y le abrían sus corazones como se abre el alma a la luz de la esperanza.
Se deleitaba enseñando a los niños las bellezas de la doctrina y las prácticas del evangelio, todo cuánto puede ser fructífero y provechoso en los cerebros infantiles: más antes de enseñarles los atraía con dádivas; apelaba al interés para inculcarles la virtud y se valía de una pequeñez para darles un tesoro.
Era ambicioso, con la ambición más digna y noble: ansiaba tenerlo todo para repartirlo entre los desheredados de la fortuna. Pedía incesantemente a los que estaban en situación de dar algo, para poder dar algo a los que menos tenían. Los pobres adivinaban su presencia: por donde quiera que iba él, iban ellos. Dondequiera que había pan allí estaba el sacerdote para comprarlo y repartirlo. Jamás pudo conservar en su poder ni una moneda;  con una mano recibía el dinero y con la otra lo daba.. Era incorregible, según decían muchos de sus amigos, era un Dios, según afirmaban los indigentes.
Cierto día, en lo más crudo del invierno, se encontró a un pobre, casi desnudo, sin un pedazo de lienzo que amparara del frío sus demacradas carnes. El Padre Benedicto echose mano al bolsillo, más este, como de costumbre, no tenía nada. ¿Qué hacer ?... el Padre Benedicto quitose rápidamente la sotana y la chaqueta y cubrió con ella al infeliz harapiento. Enseguida huyó como si acabara de cometer un crimen.
De estos lances está llena su memorable historia en Italia; cada uno de sus pasos era un acto benéfico; cada una de sus acciones era una obra de misericordia. En él rebosaba de continuo el sentimiento de la caridad.
Entre los hechos de su vida hay uno que basta para juzgarle. Sus méritos le habían elevado ala dignidad de cura rector. En la Capital de Italia abundaban los pobres más que en la parroquia, y el padre Benedicto no podía socorrer a todos. Entonces concibió la idea de ir a Roma, cual nuevo peregrino, en busca de recursos para los menesterosos. Solicitó y obtuvo el permiso, llegó a la corte y se presentó a uno de sus más cercanos parientes, que a la sazón ocupaba un alto puesto en el Gobierno; le expuso el objeto de su viaje, y en el acto recibió de manos de su deudo un cuantioso donativo suficiente para llenar el fin deseado. Ya satisfecho, dedicose el padre Benedicto a recorrer los templos y hospitales de la ciudad, solo con el propósito de ver algo. Pero ¿a dónde iría el bienhechor que no hallara una necesidad que socorrer?
Aquí también los pobres adivinaban su presencia; aquí también la bolsa siempre abierta del generoso sacerdote prodigó auxilios a los desgraciados.. Y el padre Benedicto, después de una feliz expedición a los barrios más humildes de Roma volvió a la casa de su pariente con el alma henchida de gozo, porque el día “no se había empleado muy mal”.
Más, !oh contrariedad imprevista!, el cuantioso socorro había desaparecido invisiblemente: de la bolsa del cura acababa de pasar a los pobres. El padre Benedicto jamás contaba lo que tenía ni lo que daba: estuvo dando hasta  el último maravelí. ¿Qué dirían los pobres de su pueblo? ¿cómo volver con sus manos vacías?
Entonces comenzó a padecer el noble filántropo las consecuencias de su generosidad. ¿Cómo descubrir su “despilfarro incalificable”? ¿Cómo obtener otra vez la suma “derrochada” de un modo tan imprevisto? No podía decir que había perdido el dinero porque sus labios nunca se manchaban con la mentira. No podía pedir lo que ya se le había dado. No podía, en fin, regresar a su parroquia sin llevar el ofrecido socorro a los pobres.
La situación era difícil, dudoso el remedio y fatal el resultado. El padre Benedicto, cogido en la ratonera, empezó a entristecerse y en vano quería su familia averiguar la causa de tan repentino disgusto.
Pero las acciones grandes, ya sean buenas o malas, no pueden permanecer ocultas mucho tiempo. Se supo en breve que había llegado a Roma un ángel en figura de sacerdote, un benefactor incógnito, que sin darse a conocer más que por sus obras, sin propalar sus actos caritativos y sin ofender en lo más mínimo la natural vergüenza de los menesterosos, acababa de socorrer a varias familias que yacían en la desesperación. Una de estas familias, compuesta de seis desgraciados, había recibido del filántropo misterioso todo cuanto necesitaba para pasar de la miseria a la abundancia y a la felicidad, y no sabiendo como pagar tan grande beneficio, daba a todo el mundo las señas exactas del magnífico bienhechor, señas que llegaron a ser del dominio público, y a servir de pasto a los gacetilleros y que convenían perfectamente con las señas personales del Padre Benedicto.
Cuando llegó la noticia a oídos de la familia del atribulado sacerdote, comprendieron todos los individuos de aquella que el hecho se refería al Padre Benedicto, y deseando que declarara la verdad, le refirieron punto por punto el caso, sin olvidar las señas del misterioso personaje.
El Padre Benedicto, aunque inmutándose como el reo que ve descubierto su delito, dijo únicamente estas palabras: - !La limosna que se da al desgraciado, Dios la manda, y él solo sabe por quién la envía; no pretendáis indagar más porque será en vano!...
Juzgando inútil insistencia, trató la familia de averiguar se existía en poder del cura la cantidad destinada a los pobres del pueblo, y después de escrupuloso registro, quedó comprobado que el Padre Benedicto no conservaba ni un centavo.
Entonces, anticipándose a sus deseos, y compadecidos de su angustia, sus mismos parientes le dieron otra cantidad igual a la gastada y le metieron en la diligencia que salía para su pueblo.
Solo así pudo llegar a  manos de los pobres de aquella villa el dinero que su buen amigo le había ofrecido hallar en Roma.
Tal es el célebre Padre Benedicto. Los que le conocen pueden decir si este retrato es copia fiel de su original tan  admirable. Los que le conocen quizás no le vean tan sublime como en realidad lo es, porque las grandes figuras solo aparecen en toda su plenitud cuando se miran desde lejos, a través del tiempo, de la distancia y de la aureola de la Historia.
Después de trabajar sin descanso en Europa, el Padre Benedicto se embarcó para América y hoy se encuentra en esta República, en esta Provincia, en... callemos por ahora.
Más tarde seguiremos esa historia y el presente artículo formará el primer Capítulo de la vida del sublime Padre Benedicto... A.F.”[1].

Con este ilustrado comentario sobre el misterioso Padre Benedicto Garavaso, cuyo paso fugaz pero fructífero por San Benito dejó el rastro incontrastable de sus obras, se pueden comprender las que parecían raras actitudes, como las relacionadas a las tierras que poseía en el corto tiempo que estuvo en la zona o las relacionadas al terreno de la iglesia ó los pagarés impagos que el autor tiene en su poder como verdadera reliquia, o el subsidio de 8.889 pesos que gestionara en 1889 al Ministro Torcuato Gilbert que lo visitó oficialmente o el remate que le hizo el Banco Provincial de Entre Ríos. Fue Benedicto Garavaso el personaje que realmente describe esta nota, que, sin exageración, lo pinta tal cual.

La iglesia de San Benito ha tenido en su rico historial de más de cien años muchos curas que la prestigiaron más allá de su jurisdicción y que la hicieron constituir en el eje de las actividades que iban más allá de lo estrictamente religioso. Sin embargo, el cura Benedicto Garavaso fue un hombre que merece el homenaje permanente y es por ello que lleva su nombre una calle de la localidad.

La descripción de Garavaso permite comprender la razón por la que, en su corto paso por la zona, tenía tantas propiedades. Sin dudas que llegó a estas tierras con dinero provisto por su acaudalada familia, relacionada con la corona de Italia, que invirtió en bienes raíces para preservarlo. El 2 de abril de 1888, ante el escribano Ezequiel Balbarrey, le compró a don Juan Bautista Solaro las cuatro manzanas circundantes alrededor de la Capilla inaugurada once días antes, en dos mil pesos moneda nacional al contado. De esta escritura se rescata que la manzana que estaba destinada a “Plaza” era la que se ubica entre las calle Friuli, Ramírez, Irigoyen y Rivadavia. Garabaso compró la que estaba al norte de la Capilla y las tres que arrancan desde el predio del club hasta la calle Irigoyen[2].

El 2 de enero de 1890 el cura Benedicto (Benito) Garabaso le vendió  a don Diego Ruiz González dos lotes que tenía en el Barrio San Martín, entre las calles Ramírez, Urquiza, Rivadavia y Libertad que le había comprado a don Eugenio Zachini el 11 de marzo de 1889; estos lotes medían 26 mt. de frente por 112, 58 mt. de fondo y los vendió en 3.500 pesos moneda nacional en efectivo[3].

Por escritura de fecha 24 de setiembre de 1890, ante el escribano Ezequiel Balbarrey, “en virtud de que el Presbítero don Benedicto Garabaso había construido de su peculio propio la Casa Parroquial (y escuela) y cedido el edificio al Obispado, éste le transfirió al nombrado Presbítero fracciones del terreno donado por Solaro” y que se componía en total de 6.061,82 metros cuadrados, incluyendo los terrenos de las actuales escuelas, la Plazoleta Islas Malvinas, el baldío de calle Rivadavia y 9 de Julio y la esquina de Rivadavia y Friuli[4]. También Benedicto Garavaso tenía un campo en Auli (María Luisa) compuesto de alrededor de una concesión de veinte manzanas.

Confirmando la descripción de “El Látigo” el cura Garavaso tuvo problemas con el Banco Provincial y mandado a juicio por hipoteca, el 3 de julio de 1896, en “El Entre Ríos” de Paraná se comenzó a publicar oficialmente este edicto oficial: “CÉDULA. Señor Benedicto Garabaso. Hago saber a Ud. que en el juicio ejecutivo por cobro hipotecario de pesos que le sigue ante este Juzgado de Primera Instancia en lo Civil y Comercial a cargo del Dr. José Marcó el Banco Provincial de Entre Ríos de esta ciudad, S.S. el Sr. Juez ha dictado la resolución  cuya parte dispositiva es como sigue: Paraná, Junio 15 de 1896 - Y vistos: este juicio ejecutivo seguido por don Mariano G. Montaño en representación del Banco Provincial de Entre Ríos contra don Benedicto Garabaso y resultando - Por estos fundamentos definitivamente juzgando fallo:  mandando  se lleve la ejecución adelante, hasta hacer el ejecutante íntegro pago de la cantidad de dos mil setecientos ocho pesos moneda nacional y sus intereses legales que serán oportunamente liquidados con especial consideración en costas al ejecutado. Hágase saber; regístrese y repónganse los sellos. - JOSÉ MARCÓ - ante mí - Lázaro Sein -Ste. Lo que se hace saber a Ud. en esta forma por ignorar su paradero. Paraná, Julio 2 de 1896. Lázaro Sein. Sto”[5].

El Banco Provincial le hizo el juicio ejecutivo y el Juez Marcó le otorgó al mismo, el 17 de diciembre de 1897, los títulos de tres terrenos que el cura Garavaso tenía en San Benito, al norte de calle 25 de Mayo, entre Ramírez y Libertad, los que fueron asentados en el Libro de Protocolo del escribano Manuel A. Calderón por el escribano Ramón J. Coronel[6].





[1] Sábado 3 de junio de 1893. “El Látigo”, periódico de Paraná. Hemeroteca del Archivo General de Entre Ríos.
[2] Folio 357. 2/4/1888.Libro de Protocolo del Esc. E. Balbarrey. Archivo de Tribunales de Paraná.
[3] Folio 63. 28/1/1890. Libro de Protocolo del Esc. Manuel Calderón. Archivo de Tribunales de Paraná.
[4] 3/7/1929. Informe del Obispado al Juez Manuel Tezanos Pintos. Archivo de Títulos del Arzobispado de Paraná.
[5] 3/7/1896. “El Entre Ríos” de Paraná. Hemeroteca del Archivo General de Entre Ríos.
[6] 3/7/1929. Informe del Obispado al Juez Manuel Tezanos Pintos. Archivo de Títulos del Arzobispado de Paraná. 


LA FE CATÓLICA DE LOS INMIGRANTES FRIULANOS

Los inmigrantes llegados tanto a la Colonia “3 de Febrero”, como también los arribados a la Colonia “Municipal” (zona de chacras de Paraná) trajeron un profundo arraigo en la fe cristiana que primordialmente llevaron a la práctica desde su arribo a estas tierras.
Haber abandonado sus raíces y todas sus pertenencias en busca de una vida mejor tuvo que haber provocado en cada uno de ellos un profundo dolor y una gran tristeza, mitigada con la oración y la creencia religiosa.

Ya se ha visto en los primeros capítulos que hubo influencia de la iglesia católica para que emigraran del Friuli y aquí encontraron en ella también el necesario respaldo para la nueva y titánica empresa. Los empresarios que les dieron acogida, los hermanos Brugo, estaban vinculados a la iglesia y, dentro de las cosas que hicieron para ayudar a comenzar a los friulanos recién llegados fue la asistencia religiosa que les aseguraron.

Los Brugo apadrinaron a los primeros “flamantes argentinos” que nacieron de los inmigrantes. El primer nacimiento de inmigrantes friulanos fue el de Guido Bressán, nacido el 12 de mayo de 1879, casi un mes después de haber arribado a Paraná sus padres José Bressán y María Batistuta, naturales de Trieste y fue bautizado en Paraná el 14 de junio de ese año, siendo sus padrinos Juan José Brugo y su esposa Ángela Rodríguez; el segundo nacimiento que se produjo ocurrió el 1º de julio de 1879, siendo un varón: Natalio Catach, hijo de los labradores austríacos Juan Bautista Catach (lo apodaban 'Catacho') y Santos Noeling o Nadalín; dos días después fue bautizado por el Pbro. Cayetano Gentile y sus padrinos fueron Juan José Brugo y su esposa Ángela Rodríguez de Brugo[1]. El 25 de julio nació José Devetac(h), hijo de los labradores austriacos José Devetac(h) y N. N., (quiénes habrían llegado en los contingentes iniciales traídos por Antonio Galles a Paraná), bautizado el 10 de marzo de 1880 por el Pbro. Cayetano Gentile y apadrinado por Juan José Brugo y Catalina Mariniche[2].

El 15 de setiembre de 1879 nació Antonio Bigot, hijo de Juan Bigot y Ana María Muchiut, labradores austríacos que habrían llegado en los contingentes iniciales traídos por Antonio Galles a Paraná y luego traídos a la Colonia por los hermanos Brugo; este  niño, bautizado el 15 de diciembre de 1879 por el Pbro. Luis Niella en la Catedral de Paraná, fue apadrinado por Carlos Brugo y su esposa Ángela Puente  de Brugo[3], aunque en este caso la suerte no los acompañó ya que el 28 de enero de 1880 falleció a causa de la meningitis[4]. 

Los siguientes nacimientos fueron: el 11 de febrero de 1880, Domingo Bigot, hijo de los agricultores austríacos  Lorenzo Bigot (al enviudar se casó con Ana Lódolo Vda. de Coiz en 1891)  y María Palavecini, bautizado ese mismo día por el Pbro. Quintín Velazco, siendo sus padrinos Juan José Brugo y Ángela Rodríguez de Brugo[5]; el 22 de febrero de 1880, Guarino Treppo, hijo de los agricultores italianos Valentín Treppo y Mariana Vidona, bautizado ese mismo día en Paraná por el Pbro. Cayetano Gentile, apadrinados por los mismos anteriores[6]; el 23 de febrero de 1880, Francisca Ciuc, hija de los agricultores austríacos Miguel Ciuc (Cucc) y María Ciuc (Cucc), bautizada ese mismo día en Paraná por el Pbro. Cayetano Gentile y apadrinada por los mismos[7]; el 21 de marzo de 1880, Ana María Gabás, hija de los agricultores austriacos Antonio Gabás y Pascuala Puntín, bautizada el 29 de marzo por el Pbro. Quintín Velazco y apadrinada por Juan José Brugo y María Slerz[8], habiendo fallecido 11 meses más tarde (10/1/1881) de meningitis[9].

El apoyo de la fe cristiana fue más necesario aún ante la adversidad del tiempo dada la gran sequía durante el año 1879 que motivó a la iglesia a enviar una carta a todos los curas de la jurisdicción, el 21 de agosto de 1879, en los siguientes términos:
“De orden superior se comunica que su S.S. Rma. ha dispuesto se agregue a la Misa la Oración “Pro Pluvia” a fin de que cese la horrible seca que nos aflige. Jacinto Viñas”[10]. 
También hizo falta un gran apoyo ante la adversidad de las pestes que sufrieron los recién llegados, fundamentalmente entre la población infantil. Por consunción en el viaje hacia la colonia, el 3 de febrero de 1880, falleció la niña Emilia Puntín, austríaca de 8 meses[11]; el 4/2/1880 falleció la niña Agustina Canello, italiana de 5 años, hijo de Domingo C. y Catalina Gandolfo de sarampión maligno[12]; el 8 de febrero, Cecilia Devetac, austriaca de 2 años y medio, por la misma enfermedad[13]; el 10 de febrero, Honorata Andrián, austriaca de 3 años, de sarampión[14]; el 12 de febrero, los mellizos Antonio y María Godina, austriacos de 9 meses, hijos de Miguel G. y Luisa Carnice, por la misma enfermedad[15]; el 15 de febrero, José Cian, austriaco de 10 meses, hijo de Juan Cian y María Sacotelli, de sarampión maligno[16]; el 16 de febrero , Antonio Premaries, italiano de 8 meses, hijo de Antonio P. y María Lenot de enteritis aguda[17]; ese mismo día, Juan Blasiza, austriaco de 4 años, hijo de Antonio Blasiza y Pascua Leona, de la misma enfermedad y el 15 de marzo, Antonio Blasiza, de 5 años, de sarampión maligno[18]; el 17 de febrero, Eugenia Andrián, austríaca de 9 meses y Valentín Andrián de 7 años  y el 19 de febrero Luis Andrián de 5 años, hijos de Adriano Andrián y Ana Escavel, de la misma enfermedad[19]; el 18/2, Antonio Gandolfo, austríaco de 3 meses (nació de viaje), hijo de José G. y María Contantice, de la misma enfermedad[20]; el 19/2, los mellizos José y Santiago Vicentín, austríacos, de 2 años y el 1º/3, Antonio Vicentín de 3 años, hijos de Antonio V. y María Viussi, de la misma enfermedad[21]; el 20/2, Valentín Grinóvero, austriaco de 2 años y medio, hijo de José Grinóvero y Ana Picotti, de la misma enfermedad[22]; el 22/2, Sixto Puntín, austriaco de 5 años, de gastroenteritis[23]; ese mismo día, Pedro L. Lombay, italiano de 20 meses, hijo de Jacobo L. y Emilia Zorzenón de sarampión maligno y el 7/3, María Lombay de 11 años de ‘deldania’ en la glotis[24]; el 26/2, Ángela Petrucci, italiana de 2 años, hija de Antonio P. y Ángela Petrucci de la misma enfermedad[25]; el 4/3, Adriano Cargniel, austriaco de 2 años, hijo de Jacobo C. y Lucía Barsan de meningitis[26]; el mismo día, Blas Venturini, italiano de 2 años, hijo de José V. y Paula Lamosa de consunción[27]; el 5/3, Elisa Russián, austriaca de 15 meses, hija de Simón R. y Catalina Simina de disentería, el 7/3, Luisa Russián, de 4 años, de discipela y el 10/3, Amable Russián, de 2 años y medio, de mal de crigta[28]; el 5/3, Valentino Furios, austriaco de 9 meses, hijo de Antonio F. y Lucía Prier de sarampión maligno[29]; el 6/3, Luis Toloi, austriaco de 2 años, hijo de Ángel T. y Angela Zolán[30];  en el transcurso de ese año murieron otros 25 niños más, incluso los hermanos Brugo perdieron sendos hijos, víctimas del sarampión que cundía en ese tiempo[31].   

Sin lugar a dudas que las pestes causaron una gran conmoción entre los inmigrantes, ya que se llevaron cerca de un centenar de niños en los dos primeros años. Los primeros que no alcanzaron a ver los frutos de semejante viaje a lo desconocido fueron: Doña María Bucis, italiana, que falleció el 7 de julio de 1880 a los 87 años, viuda de don Valentín Lódolo[32], don José Vicentín, fallecido el 15 de agosto de 1880 a los 44 años, italiana, casado con María Tonetta[33].

También los inmigrantes acudieron a la Catedral de Paraná para las primeras uniones matrimoniales. El primer matrimonio que se registró fue el de Santiago Pitia, italiano, de 48 años, viudo en primeras nupcias de Lucía Fantina, casado con María Murador, italiana, soltera, de 31 años, hija de los finados Juan Bautista M. y María Magdalena Cossi, siendo testigo Valentín Pittia y María Murador. Si bien ambos habían venido inicialmente con los contingentes traídos por Antonio Galles a Paraná, luego se vincularon con la Colonia “3 de Febrero”[34]. En realidad el primer inmigrante de la Colonia “3 de Febrero” que se casó fue Andrés Paccor, (quién llegó viudo de Teresa Paccor, de Austria, con los primeros colonizadores de San Benito), el 11 de febrero de 1882, a los 54 años con María Vicentín, austríaca de 47 años, viuda de José Vicentín[35].

Los primeros ocho años transcurrieron de la misma forma, es decir, con los friulanos relacionados a través de la fe católica, que practicaban en la casa de familia del ya fallecido Don Luis Vittor, ubicada detrás del actual edificio de la Comisaría. Los matrimonios es probable que se hayan realizado en Paraná, pero los bautismos se habrían realizado en el lugar antes mencionado, para registrarlos luego en los libros de Paraná. El Pbro. Cayetano Gentile y, en menor medida, el Pbro. Clementino Balcala y Quintín Velazco, fueron los encargados de realizar las visitas a la Colonia “3 de Febrero” hasta que se comenzó a establecer el casco urbano del actual pueblo de San Benito, en el año 1887.




[1] Folio 239 y 356. Libro 21 B de Bautismos de la Pquia. N.S. del Rosario de Paraná. Archivo General Arquidiocesano de Paraná.
[2] Folio 343. Libro 21 B de Bautismos de la Pquia. N. Sra. del Rosario de Paraná. Archivo General Arquidiocesano de Paraná.
[3] Folio 302. Libro 21 B de Bautismos de la Pquia N. Sra. del Rosario de Paraná. Archivo General Arquidiocesano de Paraná.
[4] Folio 341. Libro 9 D de Defunciones de la Pquia. N. Sra. del Rosario de Paraná. Archivo General Arquidiocesano de Paraná.
[5] Folio 326. Libro 21 B de Bautismos de la Pquia. N. Sra. del Rosario de Paraná. Archivo General Arquidiocesano de Paraná.
[6] Folio 333. Libro 21 B de Bautismos de la Pquia. N. Sra. del Rosario de Paraná. Archivo General Arquidiocesano de Paraná.
[7] Folio 333. Libro 21 B de Bautismos de la Pquia. N. Sra. del Rosario de Paraná. Archivo General Arquidiocesano de Paraná.
[8] Folio 353. Libro 21 B de Bautismos de la Pquia. N. Sra. del Rosario de Paraná. Archivo General Arquidiocesano de Paraná.
[9] Folio 48. Libro 9 D de Defunciones de la Pquia. N. Sra. del Rosario de Paraná. Archivo General Arquidiocesano de Paraná.
[10] Folio 139. 21/8/1879. Correspondencia con los Curas. Libro Nº 2. Archivo General Arquidiocesano de Paraná.
[11] Folio 353. Libro 9 D de Defunciones de la Pquia. N. Sra. del Rosario de  Paraná. Archivo General Arquidiocesano de Paraná.
[12] Folio 344. Libro 9 D de Defunciones de la Pquia. N. Sra. del Rosario de Paraná. Archivo General Arquidiocesano de Paraná.
[13] Folio 346. Libro 9 D de Defunciones de la Pquia. N. Sra. del Rosario de Paraná. Archivo General Arquidiocesano de Paraná.
[14] Folio 348. Libro 9 D de Defunciones de la Pquia. N. Sra. del Rosario de Paraná. Archivo General Arquidiocesano de Paraná.
[15] Folio 349 y 350. Libro 9 D de Defunciones de la Pquia. N.Sra. del Rosario. Archivo General Arquidiocesano de Paraná.
[16] Folio 352. Libro 9 D de Defunciones de la Pquia. N.Sra. del Rosario de Paraná. Archivo General Arquidiocesano de Paraná.
[17] Folio 352. Libro 9 D de Defunciones de la Pquia. N.Sra. del Rosario de Paraná. Archivo General Arquidiocesano de Paraná.
[18] Folio  353 y 372. Libro 9 D de Defunciones de la Pquia. N. Sra. del Rosario. Archivo General Arquidiocesano de Paraná.
[19] Folio 353 y 354. Libro 9 D de Defunciones  de la Pquia. N. Sra. del Rosario. Archivo General Arquidiocesano de Paraná.
[20] Folio 354. Libro 9 D de Defunciones de la Pquia. N. Sra. del Rosario de Paraná. Archivo General Arquidiocesano de Paraná.
[21] Folio 355 y 361. Libro 9 D de Defunciones de la Pquia. N. Sra. del Rosario. Archivo General Arquidiocesano de Paraná.
[22] Folio 356. Libro 9 D de Defunciones de la Pquia. N. Sra. del Rosario de Paraná. Archivo General Arquidiocesano de Paraná.
[23] Folio 356. Libro 9 D de Defunciones de la Pquia. N. Sra. del Rosario. Archivo General Arquidiocesano de Paraná.
[24] Folio 357 y 367. Libro 9 D de Defunciones de la Pquia. N. Sra. del Rosario. Archivo General Arquidiocesano de Paraná.
[25] Folio 360. Libro 9 D de Defunciones de la Pquia. N. Sra. del Rosario. Archivo General Arquidiocesano de Paraná.
[26] Folio 363. Libro 9 D de Defunciones de la Pquia. N. Sra. del Rosario. Archivo General Arquidiocesano de Paraná.
[27] Folio 364. Libro 9 D de Defunciones de la Pquia. N. Sra. del Rosario. Archivo General Arquidiocesano de Paraná.
[28] Folio 365, 367 y 370. Libro 9 D de Defunciones de la Pquia. N. Sra. de Rosario. Archivo General Arquidiocesano de Paraná.
[29] Folio 365. Libro 9 D de Defunciones de la Pquia. N. Sra. del Rosario. Archivo General Arquidiocesano de Paraná.
[30]  Folio 366, Libro 9 D de Defunciones de la Pquia. N. Sra. del Rosario. Archivo General Arquidiocesano de Paraná.
[31] Folio 15 y 24. Libro 10 D de Defunciones de la Pquia. N. Sra. del Rosario. Archivo General Arquidiocesano de Paraná.
[32] Folio 25. Libro 10 D de Defunciones de la Pquia. N. Sra. del Rosario.  Archivo General Arquidiocesano de Paraná.
[33] Folio 29. Libro 10 D de Defunciones de la Pquia. N. Sra. del Rosario. Archivo General Arquidiocesano de Paraná.
[34] Folio 307. Libro 8 M de Matrimonios de la Parroquia N. Sra. del Rosario. Archivo General Arquidiocesano de Paraná.
[35] Folio 429. Libro 8 M de Matrimonios de la Parroquia N. Sra. del Rosario. Archivo General Arquidiocesano de Paraná.

LA ACCIÓN DEL PRIMER CURA BENEDICTO GARAVASO

PBRO. BENEDICTO (BENITO)  GARAVASO

En su primera etapa la Capilla se construyó con lo que hoy es la nave del altar mayor y hasta donde están los altares laterales. Así funcionó hasta la primera década del Siglo XX, aunque desde 1898 con el Pbro. Tomás Betinetti comenzó la construcción de la segunda etapa.

La actividad del flamante cura Garavaso fue en aumento y, con su propio peculio y el de los friulanos, comenzó a acopiar los materiales necesarios para comenzar a construir el nuevo templo.

El 5 de noviembre de 1887 fue nombrado en los siguientes términos: “Del Secretario del Obispado. Al Pbro. D. Benito Garavaso. De orden superior comunico a Ud. que S. S. Rdma. ha resuelto encargar a Ud. el servicio religioso de las Colonias Brugo, del Municipio y del Sauce, como Capellán de ellas, con así facultades que el pliego adjunto se expresan. Saludo a Ud. atte. Dios guíe a Ud. Jacinto R. Viñas. Secretario”[1], con las facultades del Folio 56 del Libro de Rescriptos[2]. 

Asimismo, cuatro días más tarde se conoció la siguiente disposición: “Con esta fecha S.S.R. concedió al Capellán de la Colonia Brugo la licencia de bendecir colocar la piedra fundamental de la iglesia que van a construir en dicha colonia. Jacinto R. Viñas. Secretario”[3].

El domingo 20 de noviembre de 1887 se realizó una gran fiesta religiosa en la Colonia, con una concurrencia masiva, que la prensa paranaense consideró superior a las mil personas, fecha que, posiblemente desde ese año, se tomó para celebrar las fiestas de la capellanía o patronales[4].

Mientras la construcción de la primera etapa de la capilla avanzaba aceleradamente, el entusiasmo de la feligresía iba en aumento, lo que hizo necesario que Garavaso fuera autorizado a “binar”, es decir, a celebrar dos misas los domingos y demás días festivos[5]. Para el 20 de marzo de 1888 se conoció lo siguiente: “Habiendo terminado el templo de la Colonia Brugo, en esta Pcia. de Entre Ríos. concedemos al Pbro. Benito Garavaso la licencia de bendecir por sí o por medio de otro sacerdote, conforme con el ceremonial prescrito en el Ritual Romano. Dadas en Paraná a los 20 días de Marzo de 1888. Pantaleón Galloso, Vicario General; por mandato de S.S. Ilma”[6].

En la construcción iniciada en noviembre de 1887 colaboraron intensamente los colonos inmigrantes, ya sea con ladrillos, arena, piedra lavada que se extraía del arroyo “El Sauce”, etc. y con el acarreo de estos materiales que se hacía con carretas tiradas por bueyes. Parte de los ladrillos se hicieron en la chacra que tenía Don José Pando al sur de su negocio en Boulevard Basavilbaso, en las proximidades del arroyo Las Tunas y por el  mismo Juan B. Solaro (cuyo oficio era: hornero). Se sabe que una de las especialidades de los friulanos era la de fabricar ladrillos comunes en los “ornacci di matoni”. El depósito de materiales era la actual Plazoleta Islas Malvinas.

Algunas versiones le daban a nuestra capilla una similitud con la Catedral de Udine, Italia, pero este autor recorrió ésta y otras iglesias de dicha ciudad y no encontró similitud alguna por lo que esta hipótesis queda totalmente descartada.
22 DE DICIEMBRE DE 1888.
PUEBLO DE SAN BENEDICTO.
FIRMA DEL PBRO. BENEDICTO GARAVASO.
PRIMER SELLO OVAL DE LA IGLESIA
DE SAN BENITO ABAD
Con las actividades religiosas que se realizaron desde la Vice Capellanía de la Colonia “3 de Febrero”, dependiente de la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Paraná, se inicia otra larga e importante historia para la población de “San Benito”, constituyéndose desde la alta colina donde fue construida en la Concesión Nº 11, no solo en el aglutinante de la vida religiosa de todos los agricultores de las colonias vecinas, sino también en el eje y motor del progreso de la localidad, gracias al generoso accionar del cura Garavaso y de otros que lo sucedieron.De la mano de Garavaso creció en San Benito la educación, hubo seguridad e instituciones como la alcaldía y el juzgado de paz, un cementerio católico administrado por la iglesia local y se comenzó a concentrar la actividad comercial alrededor de la nueva capilla.

El estilo de construcción de la capilla, aunque se tuvo en cuenta el romano, al principio tenía previsto un frente con dos torres paralelas, que se ubicarían dónde están los altares laterales, pero al hacerse la ampliación se modificó el proyecto original y se le hizo el frente actual sin la torre del campanario, que se construyó después de 1910.

La actividad religiosa de la Colonia “3 de Febrero” ó “Colonia Brugo” habría  comenzado a oficializarse en los libros de bautismos, confirmaciones y matrimonios a partir de noviembre de 1887, pero queda demostrado que la capilla para esta fecha ni siquiera se había comenzado a construir. Esto indica que la casa de la Sra. Rosa Stábile Vda. de Vittor fue la capilla original hasta el 21 de marzo de 1888.

Tolmezzo Imágenes De Stock & Tolmezzo Fotos De Stock - AlamyLa iglesia de Tolmezzo, al norte de Udine, en Italia, es la que tiene más similitud con la Iglesia de San Benito, dado su estilo romano bien se podría haber sido tomado como modelo para su construcción. Como no quedó ningún plano de la época, es muy difícil arribar a una conclusión, solo que el cura Garavaso, por ser de origen italiano, pudo haberse influenciado por el estilo con que se la construyó. Lo que sí se puede afirmar es que no se continuó en la segunda etapa con el proyecto inicial, que preveía dos torres laterales a la altura de los altares auxiliares, terminando con una torre con su campanario cuya arquitectura no concuerda con el resto del edificio.

Los primeros bautismos realizados por el Pbro. Benito Garavaso fueron los siguientes: el 9 de noviembre de 1887 bautizó al niño Claro Crechenciano Abasto, nacido el 25 de octubre de ese año, hijo de Florentino Abasto y Albina Urita o Urieta, propietarios en El Sauce, siendo sus padrinos José Pando y su esposa Luisa Benutti; los Abasto eran criollos que ya estaban afincado en esta zona desde muchos años antes de la colonización. El 15 de noviembre bautizó a Antonio Cargniel, hijo de Natalio Cargniel y Luisa Braida, italianos de la Colonia Municipal, siendo sus padrinos Antonio y Teresa Marega. El 17 de noviembre bautizó a Antonio Nardín , hijo de Juan N. y Ana Colugnati, austríacos agricultores del Sauce, siendo sus padrinos Juan Carletti y Santa Rizzi. El 19 de noviembre bautizó a Francisco Bressán, hijo de Domingo B. y Ana Yancic, agricultores austríacos, naturales del pueblo, siendo sus padrinos Antonio y María Cherniz. El 20/11/1887 bautizó a Albino Nadalín, hijo de Josué N. y Luisa Rigonat, austríacos de esta colonia, siendo sus padrinos Bautista Rigonat y María Macor. El 21/11/1887 bautizó a Umberto Primero Treppo, hijo de Valentino T. y María Ana Vidoni, italianos de esta colonia, siendo sus padrinos Antonio Bergomás y Pabla del Fabro de Paraná. Realizó 13 bautismos más hasta que el 21 de marzo de 1888 en la capilla que se inauguró ese día bautizó al niño Federico Celestino Benito Bouvier, nacido el 2 de marzo de ese año, hijo de Luis Bouvier y Teresa Rudaz, suizos, carnicero de la Colonia Brugo, siendo sus padrinos Celestino Levrand y María Rudaz[7].   

El nombre de la flamante capilla, según las versiones orales, lo dispone poner el Pbro. Benito Garavaso al haber controversias con el nombre a elegir entre San Juan Bautista y San Antonio; así fue a denominarse San Benedicto (Benito) Abad la capilla y luego pasaría a usarse esta denominación para identificar al poblado.

El 21 de agosto de 1888 el Obispo concedió 40 días de indulgencia para los feligreses de la Colonia Brugo que “trilentaren Cristo y María” en las festividades de la purificación, Auxilium cristianorum, Asunción, natividad y Santísimo Rosario[8]. Al día siguiente se le dio facultades a Garavaso para salir a visitar la campaña de su jurisdicción de conformidad con el Folio 213 del Libro 1º de Rescriptos[9].

Esta nueva oportunidad dio lugar para que este pujante cura visitara lugares como Colonia Fragueiro (Racedo) donde contribuyó, entre otras cosas, para fundar una escuela y el Distrito Quebracho, donde hizo construir una capilla que el 9 de agosto de 1889 fue autorizado a bendecir con el nombre de “San Roque”[10].

En aquel año se realizó una fiesta singular que concitó la atención de las altas autoridades del gobierno provincial y de la prensa capitalina: “En la Colonia San Benito. Con motivo de ser el domingo último el día del patrón de aquel pueblo, numerosas personas asistieron a las fiestas que con tal motivo se celebraban.
Más de cuarenta carruajes conducían la concurrencia, entre la que se notó la presencia del señor ministro general doctor Gilbert, señor jefe de policía don Ramón Basavilbaso y muchas otras personas conocidas.
En el pueblo hubo embanderamiento, corrida de sortija, carreras, baile en la plaza, carne con cuero y otras varias diversiones.
Los asistentes a la fiesta declaran que fueron dignamente atendidos por las
autoridades y cura de la localidad, recibiendo numerosas demostraciones de simpatía.
La villa San Benito ha celebrado, pues, dignamente el día de su patrón”[11].

En el Capítulo relacionado a la Educación Primaria hay mayores comentarios respecto a este acontecimiento que significó una ayuda económica singular para la iglesia y la escuela local por parte del gobierno provincial y que significó el primer subsidio otorgado a esta población.




[1] Folio 276. 5/11/1887. Correspondencia con los Curas Nº 2 de la Catedral. Archivo General Arquidiocesano de Paraná.
[2] Folio 139. 21/11/1887. Libro de Rescriptos II de la Catedral. Archivo General Arquidiocesano de Paraná.
[3] Folio 140. 25/11/1887. Libro de Rescriptos II de la Catedral. Archivo General Arquidiocesano de Paraná.
[4] 21/11/1887. “La Opinión de Entre Ríos” de Paraná. Hemeroteca del Museo Martiniano Leguizamón.
[5] Folio 143. 30/1/1888. Libro de Rescriptos II de la Catedral. Archivo General Arquidiocesano de Paraná.
[6] Folio 147. 20/3/1888. Libro de Rescriptos II de la Catedral. Archivo General Arquidiocesano de Paraná. 
[7] Libro 1 B de Bautismos de la Parroquia San Benito Abad. Archivo General Arquidiocesano de Paraná.
[8] Folio 160. 21/8/1888. Libro de Rescriptos II de la Catedral. Archivo General Arquidiocesano de Paraná.
[9] Folio 180. 22/8/1888. Libro de Rescriptos II de la Catedral. Archivo General Arquidiocesano de Paraná.
[10] Folio 189. 9/8/1889. Libro de Rescriptos II de la Catedral. Archivo General Arquidiocesano de Paraná.
[11] Sábado 3 de junio de 1893. “El Látigo”, periódico de Paraná. Hemeroteca del Archivo General de Entre Ríos.


CONSTRUCCIÓN DE LA NUEVA CAPILLA DE LA COLONIA 3 DE FEBRERO (HOY SAN BENITO)

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LOS PRIMEROS CULTOS CATÓLICOS SE EFECTUABAN EN ESTA CASA QUE PERTENECIÓ A DOÑA ROSA STÁBILE DE VITTOR,
Los friulanos se habían establecido con mucha fuerza en toda la colonia,  produciendo una gran cantidad cereales, frutas y verduras; las distintas concesiones estaban todas pobladas, incluyendo con otras etnias entre sus ocupantes, como los suizos alemanes y suizos franceses que se habían establecido desde 1864 en la zona sur de la actual II Brigada Aérea quiénes, en menor escala, habían ido llegando para establecerse. También hicieron falta brazos para levantar las cosechas y en eso tuvieron que ver muchos criollos que se integraron a la colonia y algunos españoles que se ocuparon  en  actividades de servicio.

La iglesia católica entendió que era tiempo de establecer un templo para afirmar la fe cristiana, seguramente incitada por los mismos friulanos que se venían organizando para afrontar la misma finalidad desde 1884 y fue así que el 31 de agosto de 1887 el Vicario General de Paraná decidió formar una Comisión que se encargara de llevar adelante esa empresa, de acuerdo a la siguiente disposición: “ Siendo necesario nombrar una Comisión que se encargue de construir un templo en la “Colonia Brugo”, próxima a esta ciudad, por la presente venimos a constituirla en la forma siguiente: Pbro. Benito Garabaso - Presidente; Don Juan Palma - Vice Presidente; Don Juan José Brugo - Tesorero; Luis Lódolo, Bernardo Puntín y Luis Cedermaz - Vocales. Fdo. Pantaleón Galloso. Vicario General; Jacinto R. Viñas. Secretario”[1] .

El Pbro. Benito Garavaso hacía poco tiempo que había llegado de Italia, incorporándose a la jurisdicción del Obispado de Paraná; alternaba la función encomendada con la atención del Hospital de la Caridad de la vecina ciudad, ubicada en la esquina de E. Carbó e Irigoyen). Don Juan Palma tenía establecido una casa de comercio en la actual Avda. Almafuerte, entre Rondeau y Fray Mocho  y don Juan J. Brugo, empresario colonizador. Los Vocales eran inmigrantes y Cedermaz pertenecía a la vecina Colonia Municipal de Paraná, lo que demuestra una vez más la integración de ambas colonias.

En pocos días la acción de Garavaso fue fructífera, ya que el 11 de setiembre logró que el obispado le autorizara la donación del predio donde se levantaría el nuevo templo, en los siguientes términos: “Por la presente autorizamos al Pbro. D. Benito Garavaso para aceptar la donación que Don Juan B. Solaro ha resuelto hacer a la Iglesia del Paraná de un terreno que consta de cien metros de frente por ciento de fondo y que linda por el N. y el E. con el donante y por el S. y O. con propiedad de D. Antonio Vittor y Hermanos. Dadas en el Paraná. 11 de setiembre de 1887. Pantaleón Galloso, Vicario General; por mandato de S.S. Ilma. Jacinto R. Viñas, Secretario”[2]. El 7 de octubre de ese año el citado terreno fue escriturado ente el escribano Ezequiel Balbarrey de acuerdo a los antecedentes obrantes en el Arzobispado de Paraná, donde consta que “Don Juan B: Solaro donó a la Iglesia Parroquial una manzana de terreno ubicada en el “Pueblo San Benito” ó “3 de Febrero”, que medía cien metros por cada uno de sus cuatro frentes”.




[1] Folio 131. 31/8/1887. Libro de Rescriptos II de la Catedral. Archivo General Arquidiocesano de Paraná.
[2] Folio 131. 31/8/1887. Libro de Rescriptos II de la Catedral. Archivo General Arquidiocesano de Paraná.